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Mostrando las entradas etiquetadas como No a las musas

Veo, quiero, tengo

Desde mi ventana veo la esquina. Y no en forma figurada, sino el mismísimo cordón de la vereda dando la curva por Malabia. Desde la cama no veo un camino recto, sino uno que gira y sé exactamente hacia donde. Veo un gran árbol aún verde, hermoso, aunque a veces un poco triste, con sus ramas que quieren besar el asfalto, pero no pueden. Veo un edificio de tres pisos, al menos de tres balcones. Antiguo el señor edificio, con ventanas altas y cortinas pesadas, pero nunca veo gente del otro lado. Alguna sombra, pero nadie que reconozca en la calle. También veo un jardín de infantes. Los enrejaditos, les digo. Son hermosos pigmeos que corren algunos con pañales y otros sin, que se ríen, gritan y lloran, pero hace un mes que no logran despertarme de mis mañanas tardías. A veces los miro con demasiada emoción. La misma emoción con la que veo las fotos de mis sobrinos, los hijos de mis amigas, y de golpe, oh, ojos vidriosos y a veces lágrimas. Hoy me puse a pensar y me di cuenta, tamb...

Por un verano free de garcas

Que los garcas que se fueron a la costa se queden en la costa... CAMPAÑA SOCIAL POR UN VERANO FREE DE GARCAS                                                                           ¡Sumate!

Loca de mierda

-sabés que se me cayó la radio hoy y me dejó de andar me enojé la levanté y la tiré con odio y toda la fuerza al piso para romperla para reventarla. se le salieron sólo dos manijitas. las levanté las puse la prendí y empezó a andar otra vez -qué aparatín -qué loca de mierda

Domingueando un falso hippismo con Félix González-Torres. Parte I.

Estaba leyendo sobre Alfonsín, los colegios en Floresta y Pedro Saborido -las pestañas del Firefox suelen representar en cuántos temas se puede dividir mi cerebro, o no-, cuando me llamó Anita. Me invitaba a caminar hasta Plaza Francia para conseguir pan relleno porque no había almorzado. Un par de llamados de por medio, agua en el fuego, y partimos. Tarde hermosa para musculosa y zapatillas.Y para lo que uno elija pornerse en el medio. Más mochila, más mate, más termo, más cámara de fotos y algunas monedas en el bolsillo. Limón no, porque no íbamos a una marcha. Las 25 cuadras hasta llegar a Recoleta fueron muy... reflexivas. Fue un repaso de qué habíamos hecho hasta estos veintipico de años que nos tocaban vivir y cómo planeábamos nuestro verano en función de qué queríamos hacer a partir de agosto con el resto de nuestras vidas. Así, sin comas, hablamos de planes y grandezas. Y de que no queríamos que quede sólo en palabras. Cuando llegamos a Plaza Francia, nos encontramos con Kira y...

...de qué color?

Qué horriblemente complicado es decidir la cara del blog cuando uno no se siente como para salir de casa. No. No es una irracionalidad lo que acabo de escribir. Hay gente que se levanta para ir al trabajo y se pone lo primero que encuentra. Hay gente que se levanta dos horas antes de lo que debería para elegir qué ponerse. Hay gente que no tiene para elegir, y otra que no tiene trabajo. Lo mío es una cuestión de energía. ¿Dormí bien o me duele la espalda? ¿Tengo tiempo de tomar un mate o voy a hacer pasear a la taza de café con leche por toda la casa mientras me preparo? ¿Soñé con mi ex o con el número que gana la lotería? ¿Hace frío y hay sol, o son las siete de la mañana y ya hay gente con olor a chivo? Todos factores determinantes de mi humor y, como consecuencia de ese estado de ánimo, el tipo y color de ropa que use esa mañana. Y tarde. Y noche. Porque a veces el proceso se repite. Un ejemplo: cuando fue un día de trabajo horrible y la remera y el pantalón que tengo puestos tiene ...

Pelucas y peluquines para la señorita de las tres décadas

Una fauna interesante en una fiesta de cumpleaños increíble, que sólo se puede dar cuando nos hacemos grandes. ¡O viejos! Los treinta no vienen solos. Traen amigos y familia, que del norte vienen marchando. Padres discretos y de los otros. Amigos lindos y de los otros. Gente simpática y de la otra. Traen a un tímido Guido Suller y a su no tan tímido hermano mellizo, que sacude gato ajeno sin reparar en el precio. A una Jem and the Holograms, con aires de Lía Crucet que se esmera en parecerse a Barbie. A un repartidor de pizzas con pelo prestado, pero que bien podría ser propio. A doña Florinda, que con ruleros y todo se las arregla para encontrar a un par de Girafales. A una Sher un poco tana, con pelos de colores y siempre firme junto a la barra. A un afro azul, provocador de suspiros y envidias que corre peligro constante de ser robado. A una gallina en la cabeza, ¿y a un bostero en el corazón? Traen a rusos, portugueses, estudiantes y licenciados, trabajadores y jubilados. Amores vi...

Sin poemas de amor, ¿y una mujer desesperada?

Estimado i, Quizás soy "gente que pueda que conozcas"... pero no. Muy amables palabras, de todos modos. Alguna utilidad parece tener esa función. ¿Coincidencias perfilísticas? UBA, pero ni sociología ni licenciada. Comunicóloga to be. Soy hija de las tefloneras de Palermo, hermana de un emo y una flogger, y sobrina de un tipo que alguna vez militó en la JP, que ahora es director de una multinacional y votó a Macri "porque como el tipo sabe de empresas"... Bueno, nada de eso, pero sólo por vivir en este barrio debería tener un perfil afin, ¿no? Así que ahí tiene, caballero. También juego a que soy periodista. Me divierte a veces, a veces me da... ¿Cómo dicen los jóvenes de ahora? ¿Paja? Sí, paja. Grosería absurda e innecesaria, pero ¡qué bien que describe el sentimiento de vagancia por amor a la vagancia! Es que cuando a...

Algunas cosas que molestan, otras que miramos y no vemos.

Imaginar, imaginar, imaginar... Los huesos de una mano que suenan hasta casi quebrarse. La agudeza de la tiza rayando el pizarrón. Una garganta que traga. El pelo con gel del pibe que recién empieza a trabajar. Tic-tac-tic-tac, la lapicera del nervioso. Las pelusas que aparecen debajo de la cama. El golpeteo constante de un pie descargando energía. Una pava con agua que hierve a punto de estallar. El que suelta el caño del colectivo para comerse la uña del pulgar derecho. Pisadas de alguien que no vemos. La vieja que te mira desde un balcón cuando cruzás la calle. El perro que ladra del otro lado de la puerta. La gata alzada que llora como si fuera un bebé. Los restos de jabón derretido que quedaron en el lavamanos. El círculo sobre la mesa que dejó un vaso con agua fría. Los lentes sucios de tu compañero de trabajo. El bostezo con sonido y el bostezo sin sonido. El olor dulce del sache de leche sucio cuando lo sacás de la góndola. La pila de papeles que no querés tirar pero que seguro...

Noche de tributeros y sabinas

Jueves, once de la noche. Día de trabajo, día de estudio, pero día de relajación. O por lo menos era lo que necesitaba. Entonces decidimos salir. Entre cines, teatros y ofertas de acompañantes con aire acondicionado en la siempre caliente calle Corrientes, Silvina y yo entramos en el Paseo La Plaza. Objetivo: "ver a Sabina y conocer chicos", dijo ella; ir al "tributo a", corregí yo. Es que la ilusión prometía ser grande. Tan grande prometía ser que antes de entrar, mientras espiábamos por la ventana del bar, no sabíamos quién había nacido en Argentina y quién del otro lado del océano; quién era el que ostentaba músculos y tatuajes, y quién era el huesudo con la carne concentrada en el abdomen; quién llenaba bares y quién vendía miles de discos. "15 pesos cada una", dijo la camarera mientras nos señalaba las mesas libres en ese bar tributero de cortinas de terciopelo bordó que enmarcaban el pequeño escenario. Y nos sentamos. Si lo que queríamos era conocer...

De bufones y docenas

Semana Santa en Reconquista. Una anécdota para las rondas de fernet que vendrán. "¡Al final soy un bufón!", dijo Fede, que con sus 31 años y toda su esquizofrenia salió dando un portazo. En realidad entró a la casa. Es que ese domingo estábamos en el quincho de la quinta de Pamela, a la que habíamos ido a visitar para Semana Santa. Esa misma tarde Jimena, Virginia, Gabriela, Silvina y Pamela habían decidido hacer algunos mandados. Brazos, piernas y almohadas de siesta repartidos por toda la casa no dejaban hablar en voz alta ni prender el televisor. Y como el día era soleado en el calor de enero pero a fines de marzo en la verde Reconquista, las chicas salieron con el mate rumbo al supermercado. O eso dijeron. Río y fotos; Avellaneda y fotos; torta fritas y fotos; tardaron horas en lo que dijeron iba a ser una pasada rápida por entre las góndolas. Es que la caminata entre las latas de conserva y el pasillo de frutas y verduras se extendió hacia la rivera del Paraná y la ciuda...

Las entradas vuelan, los pollos no

Con los pies sobre la tierra y las manos en el teclado, me tengo que apurar. Son 10 años, mucho tiempo, mucha la presión. Por suerte no tengo que hacer cola, pero las entradas para el recital de Soda vuelan igual. Vuelan, no como los pollitos del campo del tío Pichón. Pobres pollos. Fue el verano pasado que mi familia se tuvo que hacer cargo de la casa, los peones, de todo. Pichón y sus 73 años ya no podían administrarlo. En comitiva familiar hicimos 80 kilómetros de pavimento y 5 leguas de ripio. Los hombres se encargaron de las máquinas y las mujeres de la casa. Nosotros, "los hijos de", fuimos directo al gallinero. Alambres caídos y gallinas sueltas, encontramos entre los huevos, una docena y media marcados con cruces. Sin saber de qué se trataba, los agarramos todos y los pusimos en la heladera. Después del almuerzo contamos nuestra proeza. Y se armó el escándalo: el tío gritaba desde el baño y el abuelo golpeaba el bastón contra el piso de la cocina. ¡Habíamos sacado a 1...

Me fui y volví

Un día totalmente desarraigado de mi familia, de mi casa, de las obligaciones, fue hoy. Me desperté cuando se iba la mañana, me saqué el verano en la ducha y caminé 3 cuadras de humedad y 9 de lluvia para tocar el timbre del 5º C y que me digan "andá a comprar pan al super que ya está la comida". Y fui. Alfon hizo tallarines pero no amasó. Eran de calabaza. Colorados, como el pelo de la Pe que no estaba sentada a la mesa. Porque en lugar de ser cuatro eramos tres: Marie, Alfon y yo. Crema también había comprado, crema que acompañó a los tallarines y me dió la fantástica idea de tomar un café después de comer, y después de los duraznos, ciruelas y bananas en el centro de la mesa. Ahí me desperté y terminé de sacarme esa modorra matinal de las 3 de la tarde. Sí, ese sueñito atontado que sólo sienten personas que durmen más de lo que acostumbran y que hace que el cerebro rebote de una pared a otro de la cabeza. Por suerte se fue. Y vino Pe a la hora del mate. Mientra...