Ir al contenido principal

...de qué color?


Qué horriblemente complicado es decidir la cara del blog cuando uno no se siente como para salir de casa. No. No es una irracionalidad lo que acabo de escribir.

Hay gente que se levanta para ir al trabajo y se pone lo primero que encuentra. Hay gente que se levanta dos horas antes de lo que debería para elegir qué ponerse. Hay gente que no tiene para elegir, y otra que no tiene trabajo. Lo mío es una cuestión de energía.

¿Dormí bien o me duele la espalda? ¿Tengo tiempo de tomar un mate o voy a hacer pasear a la taza de café con leche por toda la casa mientras me preparo? ¿Soñé con mi ex o con el número que gana la lotería? ¿Hace frío y hay sol, o son las siete de la mañana y ya hay gente con olor a chivo?

Todos factores determinantes de mi humor y, como consecuencia de ese estado de ánimo, el tipo y color de ropa que use esa mañana. Y tarde. Y noche. Porque a veces el proceso se repite. Un ejemplo: cuando fue un día de trabajo horrible y la remera y el pantalón que tengo puestos tiene una insoportable vibra de mala onda.

Pero bueno, toda esta explicación para decir que con la cara del blog me pasa lo mismo. Hoy se parece un poco más al color del diario que me gustaría tener todos los días arriba de la mesa, justo a la derecha de las tostadas con el dulce de mi madre, que tuve tiempo de hacer para el desayuno.

Estoy en piyamas. River va perdiendo. Llueve. El mate ya está frío y casi lavado. Enconces, o leo un libro, o miro una película, o me apoyo contra la ventana como el gato del balcón de enfrente y miro la gente que pisa baldosas flojas sin siquiera reirme.

O cambio los colores del blog con ánimo de no salir de casa y después estudio.

Comentarios

  1. Quedó de invierno y recién empieza la primavera!

    ResponderEliminar
  2. hermoso,

    me identifo con vos mucho ju, muchas de las cosas que decís me pasan, creo que es muy cierto lo de la energía.

    muchas imágenes, me encantó el texto, y el final desde "river.."

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mujeres que no esperan

Barrios. Por: Julieta Lucero Ni porteño, ni compadrito, ni realidad que se asemeja a la del Hombre que está solo y espera , el barrio Scalabrini Ortiz no tiene mucho del parco varón anti-intelectual que pondera lo no dicho por sobre lo dicho, descripto en 1931 por el integrante de la FORJA (Federación de Orientación Radical de la Juventud Argentina), que le prestó el nombre a esa zona de la capital salteña. A diferencia del personaje del libro pos-yrigoyenista, a orillas de la avenida Monseñor Tavella, las mujeres que lideran el centro vecinal no se callan nada. Lejos del puerto de Buenos Aires, saben que el que no llora no mama, ni acá, ni en Ushuaia, ni en la Quiaca. Después de años de lucha por la pavimentación, y de una mediática inauguración de las obras el 10 de octubre del año pasado por parte del intendente, Miguel Isa, y el vicegobernador, Andrés Zottos, las obras inconclusas que recorren las calles Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz describen tres cosas. Por un lado...

Latinoamérica al 2200

Con una población en su mayoría joven, hay un barrio de la capital salteña para el que la opulencia de la vecina Grand Bourg parece lejana. Villa Luján no se construyó alrededor del poder, si no a orillas del Canal del Oeste. Otro cuestionado Día de la raza pasó y los vecinos que se juntan en la 12 de octubre lo que menos que hacen es esperar a que los conquisten. Por Julieta Lucero Mientras instituciones del Estado salteño, como la biblioteca provincial Atilio Cornejo, conmemoran el Día de la Raza y otras, como el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), rechazan su nominación, la calle 12 de octubre de la ciudad de Salta está en proceso de convertirse ya no en una fecha de llegada, sino en un punto de partida para los habitantes del barrio Luján. Según los libros escolares, hace 517 años que Colón pisó por primera vez América. Pasaron sólo 60 años desde que existe Villa Luján y, para suerte de los vecinos del lugar, todavía nadie los ...

Como campo al dedo

La naturalización del trabajo infantil como producto de un proceso histórico estructural no convierte la situación de los chicos que encañan tabaco o despalillan ají en una menos grave. Casi sin actividades de recreación y educativas extraescolares, y con el hambre sobre la mesa familiar, los niños de La Viña trabajan en un mercado que tiende a expulsar a sus propios padres y condenarlos a un círculo de exclusión del que les resulta casi imposible salir. Hablan los protagonistas. Por Julieta Lucero Agustín es el mayor de siete hermanos y no tiene mucho tiempo para jugar. Ayuda al papá en el tabaco, despalilla ají, le trabaja un potrero con cebolla a la abuela, va a levantar anís con amigos, cuida a los animales del vecino y, además, va a la escuela. “Como no alcanza para comer, con lo que me pagan voy y le digo a mamá que mande a mi hermanito al almacén y compre lo que falta para cocinar”, dice, afianzado con una mano a la reja de entrada de la casa. Con su cuerpo inclinado hacia ...